Minimalismo

La ridícula idea de dejarte ir

El otro día hablaba con una lectora sobre el desapego y me contó que ella había sufrido mucho para desprenderse de todas las fotos de su boda. Estaba divorciada y muy dolida. Al principio su único recuerdo era eso; el souvenir de una vida llena de momentos bonitos. Momentos bonitos que se convierten en tristes al instante de abrir el album de fotos.

En fin, que el dichoso álbum terminó en la basura y por fin pudo cerrar esa etapa de su vida. La ridícula idea de dejar marchar esa fase de su vida fue difícil pero maravillosamente liberadora.

Que difícil es elegir qué se va de nuestra vida cuando decidimos cargar los objetos de sentimientos y sobretodo de recuerdos.

Por eso dejar ir es un arte, porque no siempre es fácil. Todo es práctica dicen, así que vamos a empezar.

Photo by Ketut Subiyanto

Deshacernos de recuerdos no es fácil

Nos cuesta mucho desprendernos de algunos objetos, sobretodo esos que atesoramos y le damos un significado. Es bonito revivir algunos momentos del pasado, pero tampoco debemos anclarnos a él de forma que nos impida avanzar.
Dentro de los sentimientos o momentos que esconden aquellos objetos podemos encontrar las dos más extremas, la alegría y la tristeza. Antónimas ellas, nos hacen sentir emociones muy profundas y a veces hasta pensamos que quedándonos con ese objeto vamos a poder atar esos momentos para siempre. Puede ser.


Nuestra memoria funciona de una manera selectiva. Elige aquellas cosas con las que se siente a gusto y aquellas necesarias para vivir, las demás se almacenan en una especie de cajón. Esos cajones que no frecuentamos tan a menudo, pero siguen ahí esa es su función. Ordenar los datos porque si no, nos volveríamos loco. El problema está cuando queremos abrir esos cajones que nos hacen daño continuamente, o que de alguna manera nos atan al pasado.

Tenemos que aprender a dejar ir, no significa que olvidemos todo lo que hemos vivido, pero debemos dejar espacio para momentos nuevos, sentimientos nuevos.

El pasado es importante pero el presente lo es aún más. Ambos tienen objetivos diferentes, la diferencia está en que con el primero ya no podemos hacer nada, más que aprender de él y el segundo es una oportunidad, como un papel el blanco.

Tenemos que dejar espacio para lo nuevo, momentos nuevos, sentimientos. El pasado es importante pero el presente lo es aún más.

Es importante aprender a ver las cosas como son, a no engañarnos a nosotros mismos. Si algún recuerdo te hace feliz no dudes en conservarlo pero tampoco pienses que solo serás feliz teniendo ese objeto, recuerda que solo es eso, nosotros lo hemos dotado de ese sentimiento. En cambio, si te hace daño no merece la pena retenerlos en nuestra vida. Nosotros decidimos, no lo olvides.


A veces tenemos miedo de dejar ir cierto objetos, recuerdos, sentimientos. Pensamos que si lo hacemos se irán con ellos parte de nuestra vida, eso se llama apego. Está bien tenerle cariño a algunas cosas, sin embargo, no es sano aferrarse demasiado a ellas.

En el equilibrio está la clave.

Cuando nos desprendemos de algo que nos hacía daño al principio es extraño, hasta nos sentimos vacíos pero luego de un tiempo nos damos cuenta de que era necesario, de que hemos aligerado la carga y por lo tanto nos sentimos más libres y dueños de nosotros mismos.

Photo by Jackson David

Aunque parezca mentira hay cosas que pesan incluso más que las cosas físicas; el rencor, el odio, la tristeza de momentos que ya no podemos remediar. Sentimientos que pesan demasiado. La vida sigue y si nos dedicamos a poner esos sentimientos unos encima de otros la carga se vuelve cada vez más grande.

El cuerpo avisa, siempre avisa. Nos dice que debemos parar y dejar enseres por el camino porque si seguimos así aparte de ir más lentos llegaremos (si es que llegamos) más cansados, más hastiados y amargados con la vida, y eso no se lo merece nadie.
El odio y el rencor no sirven para nada, más que para destruirnos a nosotros, es como sostener un pedazo de carbón caliente. Exactamente igual. Al final el único que lo sufre eres tú, tu cabeza y tu cuerpo, osea todo tu mundo interior.
No dudes en tomar cada elemento de esa carga, analizarla y si no te causa ningún bien apartarla de ti, si alguna vez vuelves a necesitarlas siempre puedes volver, pero la gente nunca vuelve, porque la vida es larga y la maleta pequeña para esas cosas.

La vida es larga y la maleta pequeña.

Este es un tema bastante delicado. Resulta muy fácil dejar objetos sin más, pero bastante complicado elegir aquellos a los que les atribuimos tantas emociones. Por eso he querido escribir este blog para que nos haga pensar a todos, más que daros tips para hacer esto o lo otro, tenemos que implicarnos y buscar nuestra manera de hacer las cosas. Nuestra forma de enfrentarnos a las cosas, sentimeintos o situaciones cuyo afecto no hace más que atarnos.
Una vez hecho ésto sólo queda seguir adelante, más libre y más consciente de lo que entra y sale de nuestra vida. Es como si limpiamos nuestro disco duro, sabemos que hay cosas importantes y se quedarán, pero todas aquellas que no aportan nada se irán para siempre.

No olvides tomar las opiniones y analizarlas. No tomes nada a la primera, sabes que eres diferente y por ello necesitas soluciones diferentes. Aprende a buscar tu propio camino.

Y para ti, ¿qué es dejar ir?…. Si quieres déjalo en los comentarios o si no escríbelo en una nota donde puedas leerlo de vez en cuando, o ambas cosas.

𝒢𝓇𝒶𝒸𝒾𝒶𝓈 𝓅𝑜𝓇 𝓁𝑒𝑒𝓇


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