El viaje que lo cambió todo: mi primera vez viajando sola

Cuando me dí cuenta ya estaba en un avión mirando por la ventana un montón de prados verdes y casas bajas, revise por enésimas vez mi DNI y miré de tener la tarjeta de crédito donde se suponía que debía estar.

Aterriza el avión y suena un: Bienvenidos a Roma son las x de… No me acuerdo ni la hora que era, solo que estaba cagada de miedo.

Mi primer viaje en solitario

¿A quién se le ocurre irse de viaje sola? A mucha gente, solo que ésta era mi primera vez.

El 2016 fue un año peculiar para mí: acabé el bachillerato, no sabía qué estudiar, conseguí mi primer trabajo, había terminado una relación, entre otros cambios. Debía poner demasiadas cosas en orden.

Con mis mermados ahorros (Ahh que también me había comprado mi primer coche) decidí que quería irme de viaje. No sabía ni a dónde ni con quién sólo había que: necesitaba desconectar y…

Tenía 19 años y unas ganas locas de ver un poquito de mundo.

Después de meses buscando a alguien que me acompañara, mirando sitios y precios decidí una cosa: Me voy a Roma y si nadie puede ir contigo me iré sola.

Yo creo que mis Padres no me hicieron caso porque pensaban que se me olvidaría. Reservé todo y pedí mis días de vacaciones. Estaba todo listo.

Llegados a este punto solo reflexioné sobre mi decisión cuando ya estaba en la parada del aeropuerto de Ciampino rodeada de gente peleándose por subirse en el próximo bus que iba al centro.

Total que me senté y espere que toda esa gente se fuera, mientras tanto, por mi mente solo pasaban las mismas preguntas:

  • ¿Qué hacía yo en Italia, sola y con un inglés básico?

Como toda viajera sin experiencia que se precie, apunte un montón de sitios que quería visitar, sin ningún tipo de orden lógico.

Me aloje en un Bed and Breakfast en la zona de Termini y nada más llegar conocí a un chico que vivía en Barcelona, y una japonesa que estudiaba no sé dónde (Ya no me acuerdo). Sólo sé que me sentí bien al escucharlos decir: yo también viajo solo.

Llegados a este punto y con mi escaso inglés conseguí llegar hasta la parada de metro Coliseo. Había un montón de gente por todos lados y salí de ahí lo más rápido que pude. Al levantar la vista ahí estaba El Coliseo Romano, frente a mí. La sensación fue maravillosa.

Mis miedos se disiparon por un momento y pensé: «Esto ha merecido la pena».

Los primero días me sentí rara, como pérdida. Sin embargo, en muy poco tiempo me acostumbré a preguntar sin miedo de todas las formas posibles, a pasar por las calles ya conocidas una y otra vez, a entender la dolce far niente de la que tanto hablan los italianos y también a ser yo misma.

Mi viaje por Italia se resume en unas cuantas palabras: caminar, comer, conocer gente y pasar por Trastevere una y otra vez.

Experiencias al viajar sola

Para mi viajar sola es una de las mejores experiencias que he experimentado. Cuando viajo sola me siento tan libre… Es la mejor sensación del mundo: eres dueña de tu tiempo, eres responsable de lo que te pasa y aprendes a ser resolutiva por obligación.

Nunca dejes que el miedo a lo desconocido te paralice.

En este viaje me pasaba el día caminando y allí donde me sentía a gusto simplemente me sentaba y me dedicaba a ver la vida pasar. Había días que pasaba por los mismos sitio, las mismas tiendas, pero ¿y qué? Estaba de vacaciones y no dependía de nadie.

Viaja sola y disfruta de la compañía.

Estábamos yo y mis pensamientos. En ese momento mi cabeza era un manojo de confusión, pero ahí estábamos mis reflexiones y yo, en alguna callejuela de Roma mirando alguna ruina o comprando verduras en algún mercado local para hacerles alguna comida a mis compañeros.

Yo no lo sabía pero necesita, anhelaba, ese cambio de aires con toda mi alma.

A veces es necesario un empujón para soltarte de la rama a la que estás agarrado.

Es algo así como cuando te aferras a algo que te hace a daño por miedo a caerte pero resulta que estas a dos palmos del suelo…

Italia me cambió la vida y me susurro que el mundo era muy grande. Tenía muchas opciones para elegir.

Durante ese viaje me di cuenta de que era una mujer fuerte y que había deseado con todas mis fuerzas ser más libre y salir de donde estaba metida y lo mejor era que ¡se había cumplido!.

Tenía una necesidad interior de conocer el mundo pero sobre todo necesitaba conocerme a mí misma.

De paseo por Nápoles

Nápoles me fascinó.

Disfruté de la locura de sus calles, la ropa tendida en las calles y las miles de motos por todos lados hace que te sientas en una ciudad de Latinoamérica. Vamos, que estaba en mi salsa.

Mientras todo esto pasaba, yo iba de un lado a otro con un pequeño libro de italiano y un mapa, menos mal que había contratado una excursión y solo tenía que localizar mi autobús y listo. Pronto nos dirigimos a Pompeya.

Pompeya es una ciudad triste, muy triste, te dan ganas de sentarte en la primera piedra que encuentras y ponerte a llorar. Contrasta tanto con la ciudad de Nápoles… Allí parece que el tiempo se ha detenido, no me la imaginaba así, tan desolada.

A pesar de todo Pompeya me pareció una ciudad con mucho carácter es como si te dijera: «Esto es lo que queda de mí pero aún así me siento orgullosa de lo que he sido y de lo que aún sigo siendo».

Mi rutina mientras viajaba en solitario

Los días pasaban volando.

Básicamente organizaba mis rutas turísticas por la mañana a primera hora; paraba en una panadería a dos calles de Termini donde compraba dos calzones (No vaya a ser que me quedara con hambre). A la tarde me dedicaba a repasar el italiano, hacer la cena y charlar con mis compañeros. ¡Qué recuerdos tan bonitos tengo de mis compañeros!

El viaje no requiere una explicación, solo pasajeros.

Aunque éramos de países diferentes intentábamos entendernos, hablábamos sobre nuestras rutas, sobre lo que nos parecía Roma.

En ese viaje hice algunos amigos: Julián; cuya hermana llevaba una relación a distancia con un italiano e iba a visitarlo. Emiliano; un estudiante de teatro de Nápoles y Sonia; una mexicana que llevaba un año viajando y trabajando.

Al escuchar sus historias descubrí que hay personas con vidas fascinantes. Que no hace falta tener mucho dinero para viajar y que la actitud es una de las cosas más importante que debes llevar en tu maleta.

Hay personas que pasan por tu vida sin más, sin embargo muchas veces escuchamos historias que siembran la semillita de la curiosidad y despiertan anhelos que nos llevan a querer vivir mil aventuras.

Todo viaje tiene un final y el mío concluía demasiado rápido. El último día, para despedirme de la ciudad hice un pequeño recorrido por mis  lugares favoritos: El coliseo y el camino que iba a Trastevere.

Me despedí de la ciudad con una sensación extraña… ¡No me quería ir!

Había descubierto tantas cosas en ese viaje.

En Roma, allí me estaba esperando la otra versión de mi misma, juntas pusimos un poco de orden en mis ideas, juntas reímos y, nos perdimos unas cuantas veces pero siempre encontrábamos el camino de vuelta y juntas sacamos un par de conclusiones:

  1. No necesitaba mucho para sentirme bien, para ser feliz.
  2. Viajar sola no era tan horrible (siendo cuidadosa y tomando las medidas que me hicieran sentir tranquila y segura) de hecho, mi experiencia había sido transformadora. Este sería el primer viaje de muchos.
  3. Era una mujer más fuerte de lo que creía. Descubrí que me gustaban los retos y me sentía muy a gusto entre desconocidos. Necesitaba conocer un poco más el mundo, debía habituarse a mirar mapas, optimizar los libros de traducción y organizar mis rutas.
  4. Debía aprender inglés sí o sí. (Poco meses después decidiría si irme a Estados Unidos o trabajar de niñera en Inglaterra).
  5. Me encantaba el calzone y mi pizza favorita sería (hasta hoy) la margarita: con tomate natural, mozzarella, aceite y albahaca fresca.
  6. ¿Volvería a Roma? Roma nunca saldrá de mi vida, mis interminables paseos por sus calles siempre me acompañarán.

Sí, volveré a Roma. Todos los caminos llevan a Roma y la verdad, es que no tengo ni idea de cómo se sale de Roma.

«Roma se queda en tí para siempre».

No temas a descubrir tus miedos y ponerlos en evidencia, es el primer paso para hacer las paces con ellos y llevar la vida que quieres.

Si tus miedos te dicen que no hagas algo, cógelo de la mano como un niño pequeño y dile: vamos, por favor.

𝒢𝓇𝒶𝒸𝒾𝒶𝓈 𝓅𝑜𝓇 𝓁𝑒𝑒𝓇

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3 comentarios en «El viaje que lo cambió todo: mi primera vez viajando sola»

  1. ¡Que buena elección para tu primer viaje en solitario!. ¡Toda una experiencia vital!.
    Totalmente de acuerdo con tu visión de Roma, una ciudad para repetir todas las veces que se pueda. Saludos.

    Responder

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